7 de out de 2007

Acerca de las reglas de la forma buena

Por Fernando Fraenza

En las siguientes líneas, me propongo decantar algunas ideas en torno a una pregunta poco simpática y mucho menos interesante, pero que se orienta hacia una tarea que nuestra tribu adeuda. Nuestro grupo -digamos, el de aquellos que nos ocupamos de los asuntos de la forma y su configuración- deberá algún día responderla si lo que queremos es conocer nuestro mundo disciplinar y conocernos a nosotros mismos. Vale decir, si queremos participar de una nueva y acrecentada autoconciencia de tribu o mejor, de disciplina experta.¿Será verdad que el análisis científico está condenado a destruir lo que constituye íntimamente la especificidad misma del logro o consecución formal?.¿Será verdad –como suelen decir algunos diseñadores- que el análisis científico está condenado a destruir lo que constituye la especificidad de una bonita, buena o interesante forma, comenzando por destruir toda suerte de motivación poética?.En función de lo que se escucha habitualmente, sabemos que en el campo del diseño se prohíbe aún a la sociología o a los enfoques sociosemióticos todo contacto profanador con la forma o el aspecto puro de los mejores objetos.Al respecto, solo me preguntaré (y con esto tan sólo reformulo la pregunta inicial, la que, por otra parte es un mero remedo de la sociología en boga): ¿porqué a tantos diseñadores, morfólogos, profesores, críticos o consumidores les complace tanto sostener que la experiencia de la forma es poco menos que inefable y que escapa al conocimiento racional empírico?.¿Porqué tanta prisa en afirmar –de este modo, sin pelea y con regodeo- la derrota del saber en el terreno del «porqué una forma y no otra»?.¿Por qué tanto empeño por no escuchar o por desacreditar a quienes tratan de hacer progresar el conocimiento de la forma que agrada y entusiasma si no es porque el propósito científico mismo representa una amenaza fatal para la habitual pero distinguida pretensión de creerse a sí mismo sujeto capaz de vivir experiencias inefables de una configuración inexplicable?.¿Por qué tanta fuerza al arremeter contra el análisis si no es porque afecta a la jerarquía de los creadores y a la de quienes pretenden identificarse con ellos a través de una especie de goce o disfrute creativo?


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